sábado, 26 de mayo de 2012

Llegando al sur todo vuelve a ser conocido. Cada árbol es mío, es parte de mi imaginario, puedo tenerlo cuantas veces quiera, con sólo pensarlo.
Las cosas acá tienen individualidad, no son un un todo, lleno e indiscernible, no son cosas acumuladas sin sentido, cada una se separa y distingue por su historia individual, eso que le da vida.


Bajo en Cipolletti, ahí terminan mis viajes, siempre, este lugar me pertenece. Siempre es un volver, no un ir.
Entro en una calle que tiene mil cuentos para mí, se abalanzan en mi cabeza, no es una calle cualquiera. También ella es mía.
Infinitas veces transité estos lugares, infinitos momentos llenaron estos espacios, que hoy no veo vacíos, pero sí están distintos.
Se reacomodan las imágenes en mi cabeza, peleando por un lugarcito. Se dezplazan imágenes, otras se transforman, se fusionan, se reavivan, otras se pierden, se borran y otras aportan presente.
Actualizo también estos lugares, los enfoco y encuadro desde un lugar distinto, ni mejor ni peor, distinto. Porque yo estoy distinta.
Ahí me doy cuenta que nada de esto es real, todo depende de mi. Por suerte.

sábado, 19 de mayo de 2012

Estoy convencida que los platos sucios, se multiplican en el lapso de la noche a la mañana.
La tierra inexistente de mi balcón, entra por las ventanas cerradas ensuciando mis pisos y en segundo lugar, mis pies.
A la ropa no le complace el ropero, le gusta unificarse en una masa amorfa sobre una silla, que sólo da indicios de su existencia por sus débiles patitas que sostienen la torre de prendas dudosamente limpias.
La comida en la heladera, se pudre con muchísima facilidad, es más, creo que te la venden ya en proceso de descomposición.
Todo tipo de fotocopias o papeles importantes, se hacen humo en el momento en que son trascendentes.
La cama se desarma, todos los santos días, y siempre en el preciso momento en que salgo de ella.
Tengo una leve sospecha que mi baño es usado por otras personas cuando yo no estoy.
Definitivamente las cuentas deberían pagarse por telepatía. Herramienta que usaría también para sacar la basura.
Y mi gata caga un montón.
No es que sea sucia, es peor, lo mío es pura y exclusiva vagancia.
Ahora, mis plantas, tienen siempre la tierra mojada. Lo importante es lo importante.

sábado, 5 de mayo de 2012

Como un gato en la varanda.
En la varanda con v, con una intensión de romper, hasta con la ortografía ferviente que me rige. 
Así me siento en estos momentos.
Estable en mi inestabilidad,
con la opción de bajarme y quedarme tranquila
en el balcón, sin riesgos.
Pero sabiendo que la otra opción, es caer al abismo.
También tienta.
Una tercer opción, es la de quedarme acá, haciendo equilibrio,
jugadísima: 
me da intriga saber cuánto tiempo más puedo permanecer en este borde.
Aceptando que me gustan los bordes.
Reconociéndome en el placer y en el disfrute que me genera 
saber que puedo caer.
En cualquier momento o nunca.