Como un gato en la varanda.
En la varanda con v, con una intensión de romper, hasta con la ortografía ferviente que me rige.
Así me siento en estos momentos.
Estable en mi inestabilidad,
con la opción de bajarme y quedarme tranquila
en el balcón, sin riesgos.
Pero sabiendo que la otra opción, es caer al abismo.
También tienta.
Una tercer opción, es la de quedarme acá, haciendo equilibrio,
jugadísima:
me da intriga saber cuánto tiempo más puedo permanecer en este borde.
Aceptando que me gustan los bordes.
Reconociéndome en el placer y en el disfrute que me genera
saber que puedo caer.
En cualquier momento o nunca.
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