sábado, 26 de mayo de 2012

Llegando al sur todo vuelve a ser conocido. Cada árbol es mío, es parte de mi imaginario, puedo tenerlo cuantas veces quiera, con sólo pensarlo.
Las cosas acá tienen individualidad, no son un un todo, lleno e indiscernible, no son cosas acumuladas sin sentido, cada una se separa y distingue por su historia individual, eso que le da vida.


Bajo en Cipolletti, ahí terminan mis viajes, siempre, este lugar me pertenece. Siempre es un volver, no un ir.
Entro en una calle que tiene mil cuentos para mí, se abalanzan en mi cabeza, no es una calle cualquiera. También ella es mía.
Infinitas veces transité estos lugares, infinitos momentos llenaron estos espacios, que hoy no veo vacíos, pero sí están distintos.
Se reacomodan las imágenes en mi cabeza, peleando por un lugarcito. Se dezplazan imágenes, otras se transforman, se fusionan, se reavivan, otras se pierden, se borran y otras aportan presente.
Actualizo también estos lugares, los enfoco y encuadro desde un lugar distinto, ni mejor ni peor, distinto. Porque yo estoy distinta.
Ahí me doy cuenta que nada de esto es real, todo depende de mi. Por suerte.

2 comentarios:

  1. La nostalgia y la posibilidad de cambiar las cosas... uno a veces ve lo que es y otra veces ve lo que quiere que sea. Extrañar los origenes, quizás sea la causa, pero no lo sé, porque llevo mucho tiempo sin saber donde estuvieron los míos.
    Al margen, la introducción de la película Argentina "Medianeras" describe a la Ciudad de Buenos Aires de un modo muy particular y que a mi me gustó mucho y habla un poco de esa masa sin forma y de todas esas cosas acumuladas sin sentido.

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  2. Increíble peli, la vi allá en el sur justo después de haber escrito esto, casualidad? No creo.

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